<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1272032499546307277</id><updated>2012-02-16T03:48:05.356-08:00</updated><category term='moneda'/><category term='mensajero'/><category term='jinete'/><category term='visitante'/><category term='sombra'/><title type='text'>Nocturnos</title><subtitle type='html'>cuentos de misterio y terror basados en hechos reales

por Charles Elsner</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Charles Elsner</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14119996151705218133</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1272032499546307277.post-2395589347975033811</id><published>2011-12-23T06:21:00.000-08:00</published><updated>2011-12-23T06:21:27.467-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mensajero'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='sombra'/><title type='text'>LA NOCHE DE LA SOMBRA (El Mensajero)</title><content type='html'>&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El siguiente cuento pertenece al novel escritor Thomas Earwig y fue encontrado entre sus muchos escritos luego de su muerte en 2011. Antes de morir, Thomas Earwig me lo confirió sin aclararme si ocurrió realmente o sólo fue producto de su exquisitamente oscura imaginación. Lo cierto es que míster Earwig hablaba siempre de una sombra a la cual llamaba "El Mensajero".&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;b&gt;C&lt;/b&gt;ada vez que Mario bajaba al sótano, donde estaba el lavadero, siempre era lo mismo. Los golpes secos de la máquina lavadora le taladraban el cráneo una y otra vez como el segundero estresante de un reloj. Eugenia había sido todo para él. Todo. Su recuerdo lo atormentaba. Imaginarla allí, vertiendo el canasto de ropa en las fauces del aparato, vistiendo shorts que daban paso a sus torneadas piernas, era una verdadera tortura. &lt;i&gt;A mí no me engañas, Mario&lt;/i&gt;, escuchaba siempre en el último peldaño de las escaleras del sótano, &lt;i&gt;¿la extrañas?&lt;/i&gt; Aquella espigada sombra había tenido razón: los desaparecidos no regresan nunca. ¿Por qué tuvo que pasar? Lloraba. En el último peldaño de la escalera, Mario lloraba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La Sombra. Había estado allí, en la cabecera de su cama, la noche en que Eugenia desapareció. Los mensajeros no mienten: &lt;i&gt;los desaparecidos no regresan nunca.&lt;/i&gt; Esa noche, la noche de la sombra, él sintió a Eugenia a un lado, el lado izquierdo de la cama, su lugar, y, entre el sueño, ella le había susurrado algo al oído... Al pasar su mano, ya no la sintió. Se había ido. Sintió el cuerpo acalambrado. Deseó no haber visto aquella sombra, dar oídos a lo que decía. Parecía un monje oscuro, musitaba como la brisa nocturna al pasar entre las ramas de un árbol sin hojas. Lo miraba con las cuencas de los ojos vacías: &lt;i&gt;los desaparecidos no regresan nunca&lt;/i&gt;. Lo sabía, sabía eso que tanto le susurraba aquella sombra, y no había marcha atrás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="line-height: 115%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ahora Eugenia era un recuerdo. Mirarla ahí, en el piso, sobre una sábana de sangre, con los ojos perdidos en los de él, era lo que le quedaba. Sentado en el último peldaño de las escaleras del sótano, Mario lloraba. Escuchaba en su cabeza el golpeteo de la loza quebrándola al son de la lavadora, los rasguños metálicos de pala al hacer el hoyo, el susurro de Eugenia… &lt;i&gt;Te estoy engañando, Mario&lt;/i&gt;. Una vez más su dulce voz. Ojos inertes y cemento fresco en el rostro de ella… y el cuchillo clavado en su cráneo. La sombra mirándolo desde aquellas cuencas vacías. &lt;i&gt;A mí no me engañas, Mario, ¿la extrañas?, &lt;/i&gt;escuchaba ahora. Mario apagó las luces y subió las escaleras como todos los días, sollozando. Aquella sombra tenía razón, los desaparecidos no regresan nunca. Al fin y al cabo, los mensajeros no mienten.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1272032499546307277-2395589347975033811?l=cuentos-nocturnos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/feeds/2395589347975033811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/12/la-noche-de-la-sombra-el-mensajero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/2395589347975033811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/2395589347975033811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/12/la-noche-de-la-sombra-el-mensajero.html' title='LA NOCHE DE LA SOMBRA (El Mensajero)'/><author><name>Charles Elsner</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14119996151705218133</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1272032499546307277.post-5975053513510804978</id><published>2011-12-08T11:04:00.000-08:00</published><updated>2011-12-08T11:04:20.979-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='visitante'/><title type='text'>El Visitante</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;Si me va a llevar a mí, que se la lleve también a ella&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;, pensó aterrado Santiago. Había sido una mala noche para él. Fuera, a lo lejos, los perros habían estado ladrando lo suficiente como para querer levantarse y echarles agua hirviendo encima. ¿A qué demonios ladraban a esa hora de la madrugada? O ¿a quién? A algún borracho de la zona, era típico en esos endemoniados animales. Y el lugar estaba superpoblada de ambas especies. Tal vez era la luna la que endemoniaba a los perros. La luna. Estaba extraña esa madrugada. Blanca, pálida. La luz que proyectaba era amarillenta, pero la que la rodeaba era intensa. Luz amarillo intenso como si de ella saliera pus. Extraña.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Perros ladrando en la lejanía. Que madrugada. Santiago se levantó y fue a la cocina, no a hervir agua para&amp;nbsp;echársela&amp;nbsp;a los perros, no, sino a tomar un poco de la fría que guardaba su nevera. Caminó de regreso a la cama a tratar de retomar el sueño. Luego de un rato de recostar la cabeza sobre la mullida almohada fue que lo vio. ¿De dónde había salido aquello? Él estaba acostumbrado a ver y sentir cosas extrañas, pero aquello había pasado por desapercibido. Lo único que había sentido en la cocina —de vuelta a su cuarto— había sido un frío repentino que le subió por los talones y se le había metido por debajo de la franelilla: el aliento frío saliendo de la boca de la nevera al cerrarla. Entornó los ojos… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;Una sombra como de metro y medio estaba parada en el umbral de la puerta de su cuarto. Él no tenía hijos, ni pensaba tenerlos. De haberlos tenido hubiese pensado que era uno de ellos queriendo metérsele en la cama porque tuvo una pesadilla. Pero lo que estaba allí, a su puerta, no era un niño; parecía uno, pero el sombrero de copa alta que llevaba acicalado en la cabeza hacía pensar que no era un niño. Definitivamente no lo era. Santiago se congeló. Trató de darse la vuelta, pero no pudo. Acalambrado observó cómo aquel enano se le acercaba a la pata de la cama. Ni siquiera dio zancadas, caminó sin caminar. Como subido a una nube. &lt;i&gt;¿Me llegó la hora?&lt;/i&gt; Sí. &lt;i&gt;¿Han venido por mí?&lt;/i&gt; Sí. O tal vez no. Tal vez era una advertencia. Y lo que oyó de boca de aquel visitante, aunque no lo entendiera, parecía una advertencia. Lo era. Los perros callaron como queriendo escuchar al hombrecillo. &lt;i&gt;¡Habla al revés!&lt;/i&gt;, se dijo Santiago. ¿Le había hablado revés o en alguna lengua antigua? Tal vez irlandés. Él nunca lo supo. Pudo voltearse en el momento en que el hombrecillo se inclinaba en su oreja para decirle el mensaje. Al lado izquierdo de la cama estaba su mujer, dormida. Santiago se aferró a ella, temblando. Se aferró fuertemente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;Aquel retorcido mensaje aún resonaba en sus oídos cuando el calambre que le envolvía el cuerpo lo abandonaba. ¿Qué demonios había sido eso? &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 15px; line-height: 17px; text-align: -webkit-auto; text-indent: 0px;"&gt;Si me va a llevar a mí, que se la lleve también a ella&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 15px; line-height: 17px; text-align: -webkit-auto; text-indent: 0px;"&gt;, Santiago pensó que era justo por los largos años al lado de su mujer, &lt;/span&gt;&lt;i style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 15px; line-height: 17px; text-align: -webkit-auto; text-indent: 0px;"&gt;¡También a ella!&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 15px; line-height: 17px; text-align: -webkit-auto; text-indent: 0px;"&gt; Al rato se quedó dormido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1272032499546307277-5975053513510804978?l=cuentos-nocturnos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/feeds/5975053513510804978/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/12/el-visitante.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/5975053513510804978'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/5975053513510804978'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/12/el-visitante.html' title='El Visitante'/><author><name>Charles Elsner</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14119996151705218133</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1272032499546307277.post-7045281734414432215</id><published>2011-11-26T19:43:00.000-08:00</published><updated>2011-11-26T19:43:16.227-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='jinete'/><title type='text'>La Madrugada del Jinete</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;C&lt;/span&gt;habela estaba embarazada. El frío moteaba la madrugada de ese Octubre de mil-novecientos-no-recuerdo. Fuera de su casa, la calle se había convertido en un&amp;nbsp;tétrico&amp;nbsp;congelador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sobó la barriga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aguijón del frío se colaba por su ventana y con él un extraño sonido. Era un traqueteo inquieto, sólido, hueco, contra la gravilla. Era algo como…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curioseó. Aquello le quemó las pupilas. El muchacho estuvo a un tris de salírsele por la boca. ¿Era el muchacho o el pánico lo que la estrangulaba? Una espantosa gota fría le recorrió la espalda y la apartó de la ventana de un soplo. ¡Un burro! ¡Y sin cabeza! Sobre aquel animal un hombre miraba para todos lados, desesperadamente perdido… y luego la miró. La miró con ojos aterradoramente penetrantes. Rojos. Chirriantes. Chabela se metió debajo las sabanas y se aferró a su barriga, protegiendo al retoño de aquello. Se quedó ahí hasta ver la mañana atravesar su ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Únicamente&amp;nbsp;supo de aquello su mejor amiga, quien me lo contara una noche. Un cuento diferente de la abuela antes de ir a dormir era común. Y no me aterraba la noche, los cuentos le restaban importancia alguna. Sólo saber que lo que contaba ocurría a un par de pasos de nuestra casa era en sí aterrador…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un tiempo Chabela durmió con un ojo abierto y otro cerrado. ¿Cómo pudo haber visto a un Centauro? Tal vez un par de nísperos o tamarindo chino de un voraz antojo nocturno pudieron haberlo creado. No lo sé, y nunca lo sabré. Chabela aún vive, pero no está en condiciones como para explicarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1272032499546307277-7045281734414432215?l=cuentos-nocturnos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/feeds/7045281734414432215/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/11/la-madrugada-del-jinete.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/7045281734414432215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/7045281734414432215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/11/la-madrugada-del-jinete.html' title='La Madrugada del Jinete'/><author><name>Charles Elsner</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14119996151705218133</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1272032499546307277.post-7427915817023237380</id><published>2011-11-17T15:53:00.000-08:00</published><updated>2011-11-21T17:14:08.462-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='moneda'/><title type='text'>LA MONEDA REDENTORA</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; line-height: 115%;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;S&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 11pt;"&gt;antiago olía a fiesta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 11pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 11pt; line-height: 115%;"&gt;Su perfume podía inhalarlo cuanta mujer se encontrara a kilómetros. En su mente, mujeres bellas y todo el licor que embelleciera a las feas... Pero tenía que pasar por ese camino. Santiago había retornado a casa en la madrugada, luego de aquella fiesta, sudoroso y más pálido que el papel. Temblaba. Su madre lo sintió a un lado en la cama. Desembuchó lo ocurrido cuando se repuso del temblor que había alterado cada fibra de su cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 11pt; line-height: 115%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ese camino…&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Camino penumbroso y solitario.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Rumbo a la juerga, un bulto de harapos tiznados le había salido al paso. El cabello, grasiento, le partía la frente. Una indigente, pensó. Se hurgó los bolsillos. Una moneda se vino entre sus dedos y se la extendió. La mujer solo clavó sus enrojecidos ojos en él. Encogida, tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Las manos, gangrenadas, terminaban en largos dedos de uñas de igual largo. Santiago dejó la moneda sobre un muro a un lado y continuó su camino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;De regreso a casa, amainó los pasos donde se encontrara con aquella mujer. No la había recordado. La fiesta lo había consumido hasta los tuétanos y él había hecho lo mismo con cuanto trago le había pasado por la nariz. Lo que vio lo detuvo. Sobre aquel muro, un bulto.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;Quiso continuar, pero curiosidad pudo más que borrachera. Se acercó.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;Aquel bulto era un vómito de harapos y cabellos. A un lado, la moneda brillaba con la luz de la luna. Santiago se alejó, sin saber lo que pasaba. Miró hacia atrás, nada. Al volver la vista al camino, se congeló. Se le encogió la entrepierna. “¡Compa!”, gritó en su cara un hombre, “No juérva a metése porái, ¿oyó?” Santiago volvió a tragarse el corazón. Luego, lo que escuchó de aquel hombre lo aterró: “¡Mire que po' esos laos sale LA MUERTE!.."&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;Santiago aceleró el paso al ritmo del corazón que le latía en la garganta. Sudó todo el licor que llevaba en las venas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Helvetica Neue', Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 17px;"&gt;Hasta el sol de hoy, Santiago asegura, sin lugar a dudas, que algo terrible le hubiese ocurrido esa noche de no haberle pagado antes a la muerte con aquella moneda.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: 15px; line-height: 17px; text-align: -webkit-auto;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1272032499546307277-7427915817023237380?l=cuentos-nocturnos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/feeds/7427915817023237380/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/11/la-moneda-redentora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/7427915817023237380'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1272032499546307277/posts/default/7427915817023237380'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cuentos-nocturnos.blogspot.com/2011/11/la-moneda-redentora.html' title='LA MONEDA REDENTORA'/><author><name>Charles Elsner</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14119996151705218133</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
